Grandes muestras de fé y devoción hacia el Cristo Negro de Sitilpech

IZAMAL, YUCATAN.- Como cada año, desde hace más de tres siglos, la venerada imagen del Santísimo  Cristo de la Exaltación, conocido también como Cristo Negro de Sitilpech, cumplió puntual su cita con los fieles católicos de esta ciudad y de comunidades aledañas al ser trasladada el pasado 18 del presente mes desde su santuario ubicado en este pequeño poblado hasta la parroquia de San Antonio de Padua en la cabecera municipal.

Se trata de una las imágenes más adoradas por los creyentes yucatecos a la cual se le atribuyen numerosos milagros desde que se inició su culto que data del siglo XVIII, el cual prevalece hasta los tiempos actuales y se reafirma año tras año por medio de diversas manifestaciones como la fiesta anual que se lleva a cabo en estos días con la presencia de gremios y grupos apostólicos.

No se sabe con exactitud cuál es el origen de la sagrada imagen, pero hay una leyenda bastante aceptada en la que se narra que durante la época de la Colonia llegaron a Izamal dos hermanos negros muy parecidos, que se distinguían sólo porque uno era más alto que el otro.

Aunque eran foráneos muy pronto se granjearon el aprecio popular y el respeto de los fieles, pues ambos eran devotos de la Virgen de la Purísima Concepción, se dedicaban a la agricultura, prestaban toda clase de ayuda a los vecinos, además de que pregonaban los evangelios y la fe católica.

Un día emigraron: el mayor se fue a Sitilpech, distante cinco kilómetros al oriente de la urbe izamaleña y el otro a Citilcum, también a cinco kilómetros de la misma, pero hacia el poniente sin perder el contacto entre ellos y mantenían su devoción hacia la Madre de Jesús.

Cuando la imagen Mariana era llevada en peregrinación a Mérida para realizar novenarios y pedir su intercesión por los males que afectaban a la Península de Yucatán como  el cólera, fiebre, viruela o sarampión, el hermano mayor se quedaba a cuidar la casa de la Reina de Yucatán hasta el retorno de ésta.

Mientras tanto, el hombre de color pidió que se colocara otra imagen sagrada en el altar principal del claustro franciscano para protegerla, los fieles aceptaron pero no entendían qué imagen deberían poner, hasta que en una ocasión, el hermano mayor que vivía en Sitilpech dijo que se ausentaría y que en tres días exactos la gente visitara su casa para recibir un regalo para su pueblo.

En la fecha señalada, los pobladores se reunióeron con ansias en las puerta de la casa del sujeto y al abrirla hallaron un Cristo Negro tallado en madera de ébano, parecido al foráneo y con júbilo lo llevaron a la Iglesia de San Jerónimo, donde se le comenzó a rendir devoción como hasta hoy.

Algo similar ocurrió en Citilcum, donde se encontró otro Cristo Negro de menor tamaño en la casa del hermano menor, lo cual originó que ambas imágenes fueran relacionadas entre sí y cuando llegó el día en que la Virgen de Izamal fue trasladada a Mérida, recordaron las palabras del foráneo de Sitilpech y desde entonces el Jesús de este lugar se lleva a Izamal cada 18 de octubre en medio de grandes muestras de religiosidad y con una magna fiesta que dura 20 días.

La iglesia de San Jerónimo, en Sitilpech, fue construida en el siglo XVI; el culto al Cristo se remonta al siglo XVIII, los gremios en su honor surgieron en el siglo XX y la referencia más antigua de esta celebración es de 1782, de la Cofradía en honor al Santo Cristo de la Exaltación.

No obstante que el patrono de Sitilpech y de su iglesia es San Jerónimo, los católicos de la comisaría adoptaron la devoción al Cristo y formaron la “Cofradía del Señor Crucificado” a raíz de que  un tal Genaro Xool donó dos reses por una promesa hecha al Cristo de la Exaltación.

El nombre de la imagen se debe a que en esa época las fiestas en honor al Cristo empezaban el 14 de septiembre y la iglesia católica celebraba la Exaltación de la Santa Cruz, que hoy es el 3 de mayo.

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